La Consulta Popular no cubrió las expectativas.

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Las simpatías internacionales apoyan la consulta popular instada por la Asamblea Nacional venezolana, considerándose la coincidencia del ensayo de la Constituyente como una artimaña del presidente venezolano.

El plebiscito se planificó hace un par de semanas, y el ensayo para la Asamblea Constituyente hace 13 días, justo después del anuncio del plebiscito; nos comentó una importante fuente del movimiento revolucionario, añadiendo que la estrategia del chavismo es que la calle nunca esté sólo con opositores. La idea, nos confirmó, es que ambos están en la calle.

Sin embargo, Maduro convocó esta creación el 1 de mayo de 2017 y la oposición se pronunció el 3 de julio sobre el plebiscito.

El que uno haya  sido el que accionara y otro el que reaccionara, como en las tácticas políticas vale casi todo, pocas críticas le deben caer al último en operar.

Lo importante son los datos; los resultados del plebiscito ya son conocidos: 7.535.259 millones de votos pidieron que se fuera Maduro, esos son muchos votos, más cuando el gobierno no quiso decir los suyos durante el ensayo a la Asamblea Constituyente.

Pero más allá de la escasa participación oficialista, queda el que el resultado de la consulta de la AN no cumplió con las expectativas: Los 11 millones de votos, “sólo en Venezuela”, para pasar a una nueva etapa de presión, según Henrique Capriles.

Así que los 7.535.259 millones de votos dados para sacar a Maduro supuso un crecimiento de 171.279 votos por encima de los 7.363.980 que Capriles logró en las elecciones presidenciales de abril 2013 y,  – 172.163 en relación a los 7.707.422 ganados en diciembre de 2015 por la MUD cuando se hizo con la Asamblea Nacional.

Esos números, los de Capriles y la AN, fueron convertidos en las líneas imaginarias necesarias a superar para considerar un éxito el llamado a desautorizar a Maduro y, para realizar nuevas presiones; ahora queda por ver si la huelga general convocada para el jueves 20 de julio estaba dentro de los planes de haber sacado los 11mm de votos y, si la MUD ha encontrado su techo de simpatizantes.

Y, ¿ahora qué?

Después de que el mensaje de López, Borges y Capriles fuera el que se estaba manifestando Venezuela y no la oposición, muchos venezolanos dentro y fuera del país y, muchos países, creyeron que era posible arroyar al bolivarismo; no ha sido así y, no hay ninguna razón que haga pensar en cualquier manipulación sobre las votaciones; la fuerza opositora se las coció, guisó y comió.

Y, ¿cómo es  posible que con la situación que vive Venezuela, los venezolanos mantengan su apoyo a un presidente que raya la inoperancia y la dictadura?

Sin duda Maduro se mueve en la dirección del autoritarismo y la Constituyente pudiera ser el eslabón para un fujimorazo venezolano. Por otro lado, no guarda el perfil de un hombre de Estado, más bien luce como el suertudo que nació de pie.

La explicación no es fácil porque no existe una única respuesta y, hay que recordar que el régimen mantiene un apoyo de importantes intelectuales venezolanos y latinoamericanos al mismo tiempo, con la llegada de Trump el mundo ha vuelto a mostrar su rostro más pútrido, mandando al traste la idea de que la globalización y la democracia occidental son suficientes para vivir en paz y formar parte de la élite.

Así que todo sugiere que al bolivarismo no le importa en absoluto formar parte de esa élite ni tener una paz al estilo norteamericano, terminando por aceptar la realidad mundial de que donde han estado EEUU y los grandes países, los males nunca han llegado solos.

Viéndolo como lo veo, para los venezolanos bolivarianos no se estaría tratando de tener a un incompetente como presidente, sino de estar conviviendo dentro de un mundo malísimo, pésimo: Hungría con Viktor Orbán, EEUU con Donald Trump o Turquía con Recep Tayyip Erdoğan, además de las tragedias en Siria, Irak, Yemen o Libia o, la crisis provocada por el capital en Grecia, estos son ejemplos que convierten a Maduro en monaguillo.

Con todo, nadie puede entender que con el gigantesco paso hacia atrás dado en Venezuela, el más, o uno de los países más ricos de Latinoamérica, Maduro mantenga el apoyo prácticamente intacto dentro de su electorado.

De nuevo la respuesta no es fácil porque no existe una sola; en una aventura periodística se puede decir que el bolivarismo no está solo y tiene una sólida rede social, militar y política a nivel nacional, regional y mundial: Rusia, China, Cuba, Ecuador, Bolivia o Bielorrusia, son algunos de los amigos de Maduro. El chavismo no es un sistema fallido.

Al final sólo queda lo incuestionable, la dura realidad, y para Venezuela se estaría tratando  de restar la influencia estadounidense sobre ellos y sobre el mundo, corriendo el riesgo de permitírsela a terceros.

Para la oposición el camino tampoco es fácil, con el gobierno de Maduro las posibilidades de mantener una relación comercial (petróleo), o de estrategia política (Cuba) sin altibajos con la Casa Blanca, se ha reducido, pero ha permitido resurgir la incertidumbre del precio a pagar para retomarlas.

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